Es la práctica de tomar dosis muy pequeñas —típicamente entre un 5% y un 10% de una dosis recreativa— de una sustancia como psilocibina, generalmente siguiendo un calendario (por ejemplo, el protocolo de Fadiman: un día sí, dos días de descanso). A diferencia de una ceremonia, no hay efectos visuales ni alteraciones perceptuales notables; quienes lo practican reportan sutiles cambios de ánimo, enfoque o creatividad. Es importante ser honesto: los estudios clínicos controlados con placebo hasta ahora muestran resultados mixtos, y buena parte de los beneficios reportados podría explicarse por el efecto placebo o las expectativas de quien lo prueba.
“La evidencia científica todavía no respalda con firmeza los beneficios que se le atribuyen popularmente.”
Requiere registro cuidadoso y honestidad con uno mismo
Desarrollado por el psicólogo James Fadiman, es el protocolo más citado: se toma una microdosis un día, luego se descansa dos días completos antes de repetir. El descanso es intencional, para evitar acumulación de tolerancia y para poder notar la diferencia entre los días con y sin dosis.
A diferencia de un medicamento farmacéutico, la potencia de un hongo varía de un espécimen a otro, lo que hace muy difícil dosificar con precisión real. Esta variabilidad es una de las razones por las que los estudios clínicos son difíciles de replicar en la vida real.
Quienes siguen estos protocolos con seriedad llevan un diario de estado de ánimo, sueño y enfoque, comparando días con y sin dosis durante varias semanas — sin ese registro, es fácil confundir una expectativa con un efecto real.